Resumen de testimonio – Viaje Misionero a Aguascalientes
En este viaje pasé hambre, cansancio, frustración, enojo y tristeza; pero, por encima de todas esas cosas y sentimientos, pude recordar la felicidad verdadera y agradecer por las cosas sencillas.
Al principio fue difícil. Junto con mi compañero nos fuimos de “raite”, preguntando a las personas en la carretera si nos podían llevar. Caminamos mucho, pero finalmente, después de partir el lunes a las 9:00 a. m., llegamos el martes al mediodía.
Durante los días que permanecimos allí, nos dedicamos a predicar el evangelio: el martes, en el centro del estado; el miércoles, a las afueras del centro y en una iglesia llamada “Tierra Fértil”, donde nos dieron la oportunidad de compartir; el jueves visitamos un municipio muy bonito llamado Jesús María, y el viernes predicamos cerca del hogar de un hermano de la misión que nos hospedó durante ese tiempo.
Pude reafirmar algo: que este camino bendito como seminarista y estudiante de la mejor escuela del mundo, el Seminario Teológico Buenas Nuevas México, no fue una decisión mía, sino que Dios me puso aquí. Este camino es mucho mejor que cualquier otro como una “persona normal”.
Confirmé mi inutilidad y cómo Dios es quien hace y trabaja todo en mi vida. Es una hermosa vida de fe, dependiendo solamente de Dios. Y si este viaje misionero refleja cómo será el resto de mi vida, no hay nada de qué arrepentirme; al contrario, agradezco a Dios y a la misión por permitirme formarme, primeramente como persona y como siervo, no dependiendo de mí, sino solo de Dios.


⸻
El miércoles 22 fuimos a predicar todo el día a Tehuacán. La hermana nos ofreció dinero para comprar algo de beber. Predicamos en tres negocios y el resto del tiempo en la calle. Nos escucharon diez personas, de las cuales ocho aceptaron el evangelio; entre ellas, una niña que, haciendo varias preguntas, aceptó el perdón de pecados. Aunque no comimos, Dios no permitió que sintiera hambre.
El jueves 23 hablamos por teléfono con la señora Elizabeth, hermana de sangre de la hermana Socorro. Faltó confirmar su salvación, pero pudimos transmitirle esperanza.
También quiso hablar con nosotras Carlos Cervantes, hijo de nuestra hospedante, quien vive en Estados Unidos y atiende un estudio bíblico dirigido por el evangelista Jorge. Él estaba preocupado porque su madre, aunque es salva, continúa asistiendo a la iglesia católica.
Por la tarde visitamos al sobrino de la hermana, Max, quien tenía una estación de radio. Se encontraba con el pastor que lo ha estado guiando, Jonathan Salazar, quien lo invitaba a volver a congregarse y dijo conocer al pastor Christopher. Max todavía parecía vivir por las obras. Cuando el pastor se retiró, le predicamos a Max, y él aceptó la salvación junto con una de sus hijas.
De regreso, llegó otra sobrina de la hermana, Nayeli, con una niña. Les predicamos, pero también necesitan confirmar su salvación.


⸻
Salíamos todos los días a compartir desde temprano hasta la tarde en zonas céntricas, y por las noches compartíamos en un parque cercano a nuestro hospedaje. Fue ahí donde conocí a la señora Mariana. Ella me dijo que era adventista, así que al inicio dudaba de lo que compartía y debatía un poco conmigo. Sin embargo, le pude dar seguimiento y, con el tiempo, su corazón se abrió.
En mi corazón quedó la esperanza de que será una próxima hermana de nuestra iglesia. Pudimos intercambiar números de teléfono. También conocimos a una señora llamada Dorina, a quien le pude dar seguimiento. Ella quedó abierta para seguir escuchando; a pesar de ser una persona muy anciana y de haber recibido recientemente una cirugía de rodilla, quedó con un corazón abierto, ya que no conocía acerca del perdón de sus pecados.
Finalmente, por invitación de un pastor local llamado David Pech, pudimos compartir en centros de rehabilitación. Prediqué el perdón del pecado por medio de la gracia a aproximadamente treinta internos, y más de la mitad, al preguntarles por su pecado, decían ser justos.


⸻
Nuestro viaje inició desde el momento en que nos asignaron otro estado y comenzamos a planear conforme al lugar al que iríamos. Nos dieron una semana para que quienes fueran más lejos consiguieran dinero, pero al ir relativamente cerca no se necesitaba.
Sin embargo, el domingo, un día antes de salir, nos informaron que cambiarían el estado y que ahora nos dirigiríamos a un nuevo destino: Colima. Al ser un estado lejano, podíamos buscar apoyo, pero al ser un día antes ya casi no podíamos conseguir nada. Así que el lunes salimos únicamente por la fe.
Nos fuimos de “raite” durante todo el camino hasta llegar a la carretera, avanzando poco a poco, pues solo nos llevaban pequeños tramos.
Llegamos a Manzanillo con un propósito de Dios, ya que pudimos compartir ahí toda la mañana. Por la tarde, una hermana nos conectó con unos pastores que querían reunirse con nosotros. Ellos nos recibieron con un corazón muy agradecido, y pudimos compartir con ellos y con su congregación vía transmisión. También nos invitaron a ir a la sierra, a una iglesia que tienen allá, pero por cuestión de tiempo ya no pudimos acompañarlos. Aun así, se despidieron muy agradecidos e incluso nos dieron ofrendas.
La hermana que nos conectó con ellos también nos ofrendó los boletos hacia Colima, y así salimos por la tarde rumbo a esa ciudad.



⸻
Después de seis años, al enterarme de que la ciudad de Victoria de Durango era candidata para realizar el viaje misionero, solicité la posibilidad de ser enviado a dicha ciudad. Por gracia de Dios, junto con el joven Joaquín viajamos y pudimos ver maravillosas obras de Dios.
Cada día experimentamos la gracia de Dios y veíamos que en ese estado había una gran necesidad de escuchar la Palabra de Dios. Asimismo, la mayoría de las personas a quienes invitábamos a escuchar la Palabra aceptaban, y entre quienes escuchaban, cerca del 90% confirmaba ser justo y salvo por la obra redentora de nuestro Señor Jesucristo.
Del mismo modo, el pastor Jesús Moreno, al enterarse de nuestra estadía en Durango, nos invitó nuevamente al pueblo de Alamillo después de seis años para compartir el evangelio. Jamás creí que Dios me permitiría viajar al mismo lugar para confirmar la salvación de los hermanos.
Asimismo, estoy muy agradecido porque durante este viaje pude compartir la Palabra con varios familiares lejanos, quienes recibían el evangelio con mucho agradecimiento, afirmando ser 100% justos.



⸻
Al salir, nuestra oración fue sencilla: le pedimos a Dios un lugar donde dormir, un baño y comida, pero Él nos enseñó que sus planes van mucho más allá de lo que pedimos.
Hubo momentos en el viaje en los que quisimos desistir de predicar, pues nos sentíamos insuficientes; sin embargo, cada persona con la que nos cruzábamos escuchaba el evangelio y aceptaba a Jesús como su Salvador.
Era impactante ver cómo sus rostros cambiaban al encontrarse con el perdón de pecados. Escucharlos decir: “Ya no tengo pecado, Jesús me limpió”, nos recordaba que la obra es de Él y no nuestra.
Aun en las situaciones más difíciles, Dios se manifestaba. Incluso en medio de la sierra de San Luis Potosí, donde no hay calles, sino caminos, brechas y senderos entre montañas, Dios nos sorprendió.
En ese lugar remoto, Él proveyó alimentos, sushi, refresco y todo lo necesario de maneras inesperadas.




⸻
Cuando se nos asignó Oaxaca, primeramente nuestro corazón sintió carga por la dimensión y el tamaño del estado. Aunque desde nuestra perspectiva parecía una misión imposible, desde el primer momento en que llegamos pudimos ver cómo Dios ya tenía preparado todo lo que quería hacer en ese lugar.
Pudimos visitar familiares de diferentes hermanos de nuestra iglesia, compartir con ellos y recibir mucha atención de su parte. También conocimos a varios pastores de diferentes congregaciones e iglesias de toda la capital de Oaxaca.
Pero, principalmente, pudimos ver la obra de Dios en nosotros mismos. Comprendimos que lo que podíamos ver y recibir de Dios no dependía en ningún momento de lo que nosotros hacíamos por el evangelio, sino de lo que el evangelio hacía en nosotros.
Dios nos permitió encontrar personas con quienes compartir. Incluso, durante un momento del viaje, pudimos encontrarnos con una joven proveniente de Tailandia que hace algunos años fue voluntaria en Argentina por medio del programa Good News Corps. Para nosotros fue asombroso, ya que, sin importar el tamaño de la ciudad, nos encontrábamos frente a frente y pudimos compartir un buen tiempo juntos.
También, al buscar hospedaje sin conocer la ciudad, llegamos a “Trotamundo”, un hostal propiedad de Moisés, quien nos recibió con mucha calidez y nos brindó muchas comodidades al enterarse del propósito de nuestra visita.
Todo esto, evidentemente, no fue por nuestro desempeño, ya que a nuestros ojos no hacíamos lo suficiente; sin embargo, siempre recibíamos lo suficiente y aún más de parte de Dios.




⸻
Agradecemos a Dios por este viaje tan maravilloso que nos permitió realizar al estado de Tlaxcala, ya que pudimos comprobar que la Palabra de Dios se cumple al 100% en nuestras vidas.
Unos días antes de salir de la Ciudad de México, nuestro corazón se encontraba angustiado, pues no teníamos ningún conocido o familiar de algún hermano con quien pudiéramos llegar a Tlaxcala. Orábamos mucho a Dios para que nos permitiera encontrar a alguien.
Antes de salir de la iglesia, el pastor Emmanuel Cruz compartió una palabra en San Marcos 6:7, cuando Jesús envía a sus discípulos de dos en dos en un viaje por fe y les pide que no llevaran nada. Él decía que nosotros no íbamos para salvar a otros, porque el único que salva es Dios, sino que íbamos para salvarnos a nosotros mismos; para probar nuestra fe y confirmar que Dios existe en nuestras vidas.
Así que, orando junto con mi esposa, decidimos dejar todo lo que llevábamos en nuestras mochilas y únicamente llevar una chamarra y nuestras Biblias. De esa manera emprendimos nuestro viaje a Tlaxcala, buscando la gracia y la ayuda de Dios.
Muchas veces fuimos incrédulos, pero la realidad era que Dios ya había preparado el camino y a las personas con quienes nos encontraríamos en Tlaxcala. Dios preparó todo lo que nosotros no preparamos para este viaje.


⸻
Durante este viaje misionero, Dios nos permitió ser espectadores de su obra. Antes de partir, nosotros preparábamos lo suficiente para el tiempo que estaríamos fuera; sin embargo, antes de salir, el pastor testificaba cómo, realizando varios viajes misioneros, podía ver la obra de Dios. También hacía mención de “sacudir el polvo de los pies”, pero con la finalidad de desechar los pensamientos ante cualquier situación.
De inmediato vaciamos las mochilas y solamente llevamos lo necesario. Cuando estábamos en la TAPO, pudimos detener un autobús cuyo conductor nos permitió llegar hasta Tezoyuca por tan solo $70. Desde ahí comenzamos a pedir “raite”. Una combi nos permitió subir, pero solo fue un trayecto corto, dejándonos en Tepexpan.
En realidad, tuvimos que caminar y buscar la caseta para llegar a nuestro destino, pero nadie quería llevarnos. Al final vimos que venía un autobús con destino a Tulancingo. Aunque surgían muchos pensamientos, mi esposa hizo la parada de inmediato y pudimos subir. Entonces nuestro rostro cambió y nuevamente llegó la esperanza y el agradecimiento a Dios.
Al llegar a nuestro destino compartimos el evangelio, y después el matrimonio del hermano Christopher pasó por nosotros al centro. Durante el trayecto nos brindaron cena y hospedaje. De igual manera, pudimos compartir con sus abuelos, quienes nos recibieron muy felices e incluso nos llevaron con familiares cercanos para continuar compartiendo.
La convivencia con los hermanos fue muy grata, y aprendimos mucho de ellos, quienes nos recibían amablemente durante el tiempo que estuvimos en Tulancingo.
Durante la semana pudimos predicar a muchas personas, buscar la ayuda de Dios y recibir mucha bendición, entre ellas ropa para mis hijos e incluso juguetes. Esto quedó muy grabado en nuestro corazón, ya que una semana antes mis hijos pudieron desprenderse de juguetes que ya no funcionaban bien, y Dios permitió darles a cada uno algo mejor; incluso una pista por la que hace tiempo oraba con mi hijo más pequeño.



⸻
Por gracia de Dios, Él me permitió ir de viaje misionero a Tuxpan, Michoacán, junto con el hermano Juan Manuel. El día domingo, el hermano Víctor nos llevó a ese pueblito. Él y su familia tienen una casa para quedarse ahí cuando visitan el lugar, y ese mismo hogar nos lo ofrecieron para hospedarnos mientras permaneciéramos allí.
También ese mismo día conocimos a la mamá de la hermana Graciela, esposa del hermano Víctor. La señora fue muy amable y también pudimos compartirle un poco del evangelio.
Día miércoles:
En cuanto salimos, nuestra meta era encontrar iglesias cristianas, porque no conocíamos ninguna. Compartimos con algunas personas más, ya que no encontrábamos ninguna iglesia, hasta que una joven nos indicó una que estaba muy cerca.
Nos atendió el pastor José Alfredo Barrios. Estuvimos invitándolo al CLF, le compartimos un poco de testimonio y nos invitó a comer, por lo cual quedamos muy agradecidos.
Al finalizar, aunque con temor, Dios nos permitió compartir el evangelio con él y algunos congregantes de la iglesia. Ellos estaban muy felices de escuchar y estaban totalmente de acuerdo con el perdón de los pecados.
El día sábado nos retiramos rumbo a la Ciudad de México. Desde que salimos, Dios nos ayudó y nos permitió avanzar por varios pueblos sin problemas, hasta estar cerca de Toluca. Sin embargo, llegamos a un pueblito llamado Zitácuaro, donde estuvimos seis horas. La verdad, nos desesperamos; teníamos hambre, estábamos cansados y ya queríamos llegar, pero nadie nos levantaba.
Ambos habíamos perdido la esperanza. Ya era tarde y ni siquiera teníamos ganas de seguir pidiendo que nos llevaran. Ni camiones, camionetas o carros se detenían; incluso algunos se burlaban al pasar.
De repente, una camioneta se detuvo. El conductor solamente me dijo: “Nadie te va a recoger”, sacó su cartera y nos dio dinero. Emocionado corrí con el hermano Juan para ir a comprar un boleto de regreso. Por gracia de Dios, llegamos a las 11 de la noche a la sede.




⸻
Damos gracias a Dios porque nos permitió compartir el evangelio en Ciudad Victoria. Al hermano Rodrigo Nájera y a mí nos sorprendió cómo Dios estuvo trabajando durante todo este tiempo.
Cuando supimos que nos tocaría esta ciudad, fue algo complicado para nuestro corazón: no sabíamos dónde llegar, dónde dormir ni dónde comer. Pero algo que nos llenaba de esperanza y fe era la palabra escrita en San Lucas 10:17.
Los discípulos, al volver gozosos, expresaban esa felicidad a Jesús, y nosotros queríamos encontrar esa misma alegría, al igual que ellos.
Desde el principio fue difícil. Conseguir un boleto de avión dos días antes de nuestro vuelo también fue un reto. Yo no sabía de dónde sacaríamos ese dinero; era mucho para una persona como yo. “Solo soy un seminarista, ¿de dónde voy a sacar el dinero para el boleto de avión?”, pensaba.
Dios nos ayudó en muchos aspectos de este viaje. Fue demasiado difícil el trayecto de regreso a Xochimilco porque nadie quería levantarnos, debido al miedo y la inseguridad que años atrás ocurrieron en Ciudad Victoria.
Cuando creíamos que Dios no nos ayudaría, recordábamos la historia de Moisés. Cuando Moisés clamó a Dios, como dice Éxodo 14, Dios le respondió: “¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen”.
Nosotros solamente seguíamos avanzando, aun sin ver nada, pero finalmente pudimos contemplar la gloria de Dios y regresar nuevamente a la sede de Xochimilco.




⸻
Mi compañero de viaje fue el misionero José Jeon. Cuando me enteré del destino, Dios me permitió tener una promesa en San Juan 11:40. Por medio de esa palabra, Dios me permitía avanzar.
Realizamos un plan de viaje y salimos muy temprano de la sede central rumbo a la Central del Norte. Ahí conocimos a un pastor llamado Carlos y a su esposa Miriam. Durante más de quince años ellos habían visitado el pueblo de Xalacahuantla, ubicado en la sierra de Hidalgo.
Dios permitió que ellos cubrieran nuestros gastos, y así emprendimos un largo viaje para llegar, utilizando aproximadamente dos transportes.
Al llegar, una hermana llamada Sandra nos recibió con mucha cordialidad. Nos invitó tamales y también nos abrió las puertas de su hogar para hospedarnos.




⸻
Queremos glorificar a Dios por todo lo que nos mostró a través de este viaje misionero.
Al principio parecía que todo sería sencillo, pero cuando llegamos a Xalapa estaba lloviendo y se nos dificultó encontrar el lugar donde nos hospedaríamos. Preguntábamos direcciones, caminábamos bajo la lluvia y, aunque muchos nos decían: “Ya casi llegan”, en realidad todavía faltaba mucho camino.
Ya cansados, un joven nos ayudó a llegar, y así comenzó nuestra travesía.
Al día siguiente hicimos nuestro devocional, oramos y salimos a compartir el evangelio en hospitales, casas y en la calle. Algunas personas escuchaban y otras no, pero aun así Dios nos permitió seguir compartiendo y ver cómo algunas podían recibir el perdón de sus pecados.
Pasaron los días y buscamos a la familia del compañero que nos había facilitado el hospedaje. Caminamos mucho tiempo porque no había señal y se nos dificultaba encontrarlos, pero finalmente Dios nos permitió llegar.
Nuestro plan era realizar una reunión grande, pero cuando llegamos solamente estaban la mamá del compañero y otras dos personas. Aun así compartimos el evangelio, y fue muy hermoso ver cómo poco a poco entendían que Jesucristo ya había pagado por sus pecados. Verlos confirmar su salvación realmente nos dio mucha alegría.
Seguimos compartiendo en diferentes lugares. Algunas personas debatían y otras escuchaban con atención. También nos encontramos con unos testigos de Jehová. Nos cuestionaban por andar solos, pero más adelante volvimos a encontrarnos con una de ellas. Nuevamente le compartimos el evangelio; escuchó y recibió la salvación.
Ella nos decía que en esa religión siempre se sintió bajo mucha condenación, pero que al leer la Palabra entendió que en el Señor no hay condenación, y que la salvación no es por hombres, sino por la sangre de Jesucristo. Eso trajo paz y alegría a nuestro corazón.
En todo este viaje pudimos reconocer cómo Dios nos respaldaba. Aunque no había hermanos en esa ciudad, Dios nunca nos dejó. Nos dio comida, techo y todo lo que necesitábamos hasta el último día. Una persona nos invitó a comer, nos dio ofrenda para el regreso e incluso para el camino.
Realmente pudimos ver la gloria de Dios en cada detalle, y una vez más entendimos que cuando Dios envía, Él también provee.
Toda la gloria y la honra son solamente para Dios.



⸻
La verdad, este tiempo fue muy hermoso por parte de Dios, quien nos permitió formarnos. Experimentar su poder en este viaje misionero fue totalmente por gracia.
Al principio parecía difícil, por las condiciones del clima y porque muchas personas escuchaban con dificultad; sin embargo, Dios nos ayudaba y ponía sensibilidad en el corazón de las personas. Lo más importante era que podían escuchar.
En este viaje fui acompañado de mi compañero, el evangelista Jorge Isaac Tino. Juntos pudimos ver la gracia de Dios. Dios nunca nos dejó; al contrario, nos proveyó en todo momento.



⸻
Nuestro viaje comenzó el día lunes pero como llegamos ya tarde solo fuimos a cenar con una hermana que nos recogió en el aeropuerto y nos llevó a la casa donde nos hospedamos.
Y el dia 6 sábado el último día nos pidió la hermana Geovanna que le diremos más estudio bíblico a ella y a la hermana Raquel García
El martes por la mañana una amiga de la hermana Lorena llamada Giovanna paso por nosotros para ir a desayunar y estuvimos compartiendo con ella, después esa misma hermana nos llevó a su casa para que compartieramos con la sra Lety
Cecilia Fierro se impresionó mucho porque su esposo nos invitó a comer hamburguesas a su casa, cuando su esposo no quería saber del evangelio ni de la iglesia Y después de comer le pudimos predicar a su comadre y su esposo escuchó todo
Fuimos muy privilegiados con la obra de Dios Dios preparó precisamente para la ciudad de Hermosillo Sonora


